Algunas razones para la vivencia del reconocimiento natural de la fertilidad

Una diferencia esencial marca la diferencia entre los métodos naturales y los contraceptivos: en estos últimos, los esposos se arrogan una facultad, la de ser árbitros y dueños absolutos de su propio cuerpo y de la capacidad de generar vidas. Se violentan así los procesos naturales del ciclo biológico de la mujer, impidiendo artificialmente la nueva vida.

HelechosLa contracepción impone, además, un “ lenguaje contradictorio a las expresiones de la entrega íntima de la pareja;” . ¿Por qué ¿ Porque se rompe la plena entrega de la pareja, y, por tanto, del cuerpo que es elemento integrante de la persona. Se están reservando el uno para el otro su capacidad de ser padre o madre. De esta manera,  se falsifica la verdad íntegra del genuino amor conyugal, que no admite reservas y restricciones.  (“ …y  serán los dos una sola carne…”). “El acto contraceptivo introduce una limitación radical en el interior de esa donación recíproca y expresa una donación objetiva de dar el uno a la otra –o viceversa- toda la riqueza de su feminidad o de su masculinidad.”

Pero, además de estas razones antropológicas, derivada de la propia naturaleza de las personas y de la naturaleza de los gestos sexuales,  existen razones teológicas  al respecto:

“ En el origen de toda existencia  humana, hay un acto creador de Dios; ningún ser humano viene a la vida por azar. Toda persona es siempre el término de un acto creador de Dios. De ahí hay que llegar a la conclusión –confirmada por la Revelación y las enseñanzas de la Iglesia- que la capacidad procreadora inscrita en la sexualidad del hombre y de la mujer es, en su realidad más profunda una forma de cooperación, cuando se ejercita dentro del plan divino de la creación, con esa paternidad creadora de Dios. Pero cuando los esposos, privan, voluntaria y artificialmente, al ejercicio de su sexualidad conyugal de su potencial capacidad procreativa, se atribuyen a sí mismos, un poder que sólo pertenece a Dios, como es el poder de decidir, en última instancia, la venida de una persona a la existencia. En vez de cooperadores del poder creador de Dios, se arrogan la facultad de ser depositarios últimos de la fuente de la vida humana”

Es decir, equivaldría a afirmar que Dios no es siempre Señor  absoluto de la vida ¡¡

Esta entrada fue publicada en Blog. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *