Bodas de oro

Hemos tenido el privilegio de asistir hace unos días a la celebración de unas bodas de oro …

En un abrir y cerrar de ojos, y en la lectura de bienvenida a la Asamblea, justo antes del inicio de la Eucaristía, el veterano matrimonio  ha sabido condensar en unas pocas líneas mucho más de lo que intentamos transmitir en multitud de charlas y orientaciones desde el COF.

Son ya muchas las parejas de novios y matrimonios recién iniciados, quienes nos preguntan y buscan ávidamente esos “trucos y mañas de pareja”, que permiten a muchos llegar a celebrar las bodas de plata y oro con una rotundidad y juventud de espíritu que muchos anhelaríamos para nosotros.

Nos gustaría transcribir algunas de estas ideas:

 

En esta mañana de abril, volvemos juntos al altar, como hace 50 años, con un claro objetivo. De nuevo queremos decir muy fuerte “Sí, quiero”; sólo que ahora cobran más sentido si caben las palabras “en la salud y en la enfermedad”,“en la riqueza y en la pobreza,  “en lo bueno y lo malo”, porque de todo ha habido. Nos enorgullece el haber sabido mantener la fidelidad a la palabra dada hace unos años, hasta en los momentos más críticos. Esta constancia nos ha regalado el sabernos unidos ya para siempre “hasta que la muerte nos separe”.

A la hora de reflejar nuestro sentir en este momento, podríamos haber acudido a alguna cita bíblica como la primera carta a los Corintios, en la que cobran fuerza estas palabras: “…el amor disculpa siempre, confía siempre, espera siempre, aguanta siempre”.

Sin embargo, y paradójicamente, ha sido en una canción de un cantautor moderno, Juanes, donde hemos encontrado justo aquello que queríamos transmitiros en el día de hoy:

“Cuando el tiempo pasa, y nos hacemos viejos, nos empieza a parecer

que pesan más los años que los mismos daños al final.

Por eso yo  quiero que en mi mente siempre tu cariño esté bien fuerte; aunque estemos cerca, aunque estemos lejos del final.

Porque nada valgo, porque nada tengo, si no tengo lo mejor: tu amor y compañía en mi corazón.

Me enamoré, me siento débil cuando estoy sin ti y me hago fuerte cuando estás aquí. Mi vida es un túnel sin tu luz. Quiero pasar más tiempo junto a ti, recuperar las noches que perdí, vencer el miedo inmenso de morir, Y SER ETERNO JUNTO A TI.”

Vamos con fuerza a por veinticinco años más; y para que nuestros sueños no rueden por la pendiente, doblamos nuestras rodillas ante el Señor de la vida y fuente del Amor, para que restañe las heridas cada noche y mantenga unidas nuestras vidas entrelazadas hasta la frontera final y más allá.

 

Parece que poco más podríamos añadir: fidelidad a la palabra dada, ansias de eternidad, y la mirada fija en el Señor del Amor.

 

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