¿Crisis en mi matrimonio?

El riesgo de inventar las crisisth

Partimos en esta ocasión de un hecho que advirtió ya el filósogo griego Epícteto (“a los hombres no les perturban tanto las cosas,  como la visión que tienen de ellas”).

Crucial enunciado, lleno de sabiduría de vida… y del que penden no  pocos problemas y la feliz o infeliz resolución de los mismos.

¿Queremos decir que los problemas  están en nuestra mente, y en nuestra percepción? No al 100%, pero sí que nos atreveríamos a ser osados y provocadores: al 50 %    ¡¡¡¡

Vamos a bajar a la realidad y traslademos este enunciado al ámbito matrimonial y familiar con un ejemplo concreto.

Una paciente esposa se encuentra a la espera de que llegue su marido, para acudir ambos a realizar unas compras. El hombre se retrasa, y la paciente esposa empieza a perder los nervios. Ante este hecho objetivo, el retraso en la cita, la mujer puede optar por varias alternativas. Estas irían desde la sincera preocupación por si a su esposo pudiera haberle ocurrido algún percance, pasando por la comprensión del que ya  conoce que una cierta impuntualidad constituye uno de los puntos flacos del marido, hasta  el desarrollo de una verdadera acritud y actitud beligerante. Consecuentemente con la opción escogida, el recibimiento que sorprenderá al esposo será una mujer preocupada y cariñosa, bien una esposa comprensiva y condescendiente, o bien  un conflicto conyugal en toda regla ¡

¿Qué hacer ante esta situación u otra análoga? Muy precisa la respuesta,  y  extrapolable también al ámbito de la educación de los hijos: mantener siempre la presunción de inocencia; es decir, ante la duda, nuestros pensamientos hacia el otro han de ser los mejores  ¡¡¡¡

(“aun cuando sus acciones estén equivocadas y me haya hecho daño, supongo que tiene buenas intenciones y no quiere herirme“). Lo repetimos despacio, por su enorme trascendencia práctica

(“aun cuando sus acciones estén equivocadas y me haya hecho daño, supongo que tiene buenas intenciones y no quiere herirme“).

Esta presunción de inocencia tiene su base en la dignidad que cada persona tiene como tal, así como en el respeto y confianza que siempre se merece el otro, y teniendo como marco de referencia en todo momento el compromiso que se hizo al otro de querer, no sólo CON los defectos, ni A PESAR de los defectos, sino EN SUS MISMOS DEFECTOS.

Para evitar el no tan lejano riesgo de inventar nuestras propias crisis, deberíamos eliminar las siguientes actitudes ante los problemas que va planteando el devenir diario: dramatización  y queja, que hacen la vida imposible al resto de la familia. Ver siempre el lado negativo y autocompadecerse, lo cual nos inmoviliza y nos mantiene pasiva y peligrosamente en círculos viciosos de los que puede resultar difícil zafarse. Por el  contrario, se trata de recuperar la capacidad de desdramatizar las situaciones, desde la paz y serenidad, sin desfallecer, y siempre contando con el otro.

En estos días en que la palabra “crisis” anda en boca de todos, el COF diocesano propone replantearse esta idea:

¿No estarán muchas de nuestras crisis familiares más dentro de nosotros que fuera?

 

 

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